Oración y ayuno: una relación viva con el Padre
Centro Familia Cristiana Tampa • January 4, 2026

Oración y Ayuno: Una Relación Viva Con El Padre
Desde el escritorio de mi corazón
Comenzar un nuevo año siempre nos confronta con una pregunta esencial: ¿desde dónde vamos a vivir este próximo tiempo? La respuesta bíblica y pastoral es clara: desde una relación viva y activa con Dios como Padre. Por eso, iniciamos este año afirmados en el pacto, reconociendo que la oración y el ayuno no son rituales religiosos, sino disciplinas que fortalecen nuestra relación con Él.
La oración no existe para informar a Dios de lo que ya sabe. Oramos porque somos hijos, y los hijos hablan con su Padre. La Escritura nos recuerda que no hemos recibido un espíritu de esclavitud, sino de adopción. Cuando oramos, afirmamos nuestra identidad: no somos extraños, somos parte de Su familia.
La oración es relación, no repetición. Uno de los mayores errores espirituales es reducir la oración a palabras memorizadas o momentos aislados. La oración verdadera nace de la relación.
Hablamos con Dios porque lo conocemos y porque Él nos conoce. No oramos para convencerlo, sino para alinearnos con Él. Jesús nos enseñó a orar diciendo: “Padre nuestro…”. Antes de pedir, declaró una relación. Cuando entendemos que Dios es Padre, la oración deja de ser pesada y se vuelve natural. Oramos desde la confianza, no desde el temor.
El ayuno: mucho más que dejar de comer.
El ayuno bíblico no es una dieta espiritual ni un castigo al cuerpo. Ayunar es apartar algo legítimo para dar prioridad a lo eterno. Es una decisión intencional de silenciar otras voces para escuchar mejor la voz de Dios.
Ayunamos no para impresionar a Dios, sino para ordenar nuestro interior. El ayuno nos beneficia a nosotros, no a Dios. Nos ayuda a reenfocar deseos, a reconocer dependencias y a recordar que nuestra verdadera fuente es el Señor.
Disciplinas vigentes para tiempos actuales
Algunos piensan que la oración y el ayuno son prácticas del pasado. Sin embargo, son más necesarias hoy que nunca. Vivimos en una generación saturada de ruido, prisa y distracción. Estas disciplinas nos devuelven al centro, nos anclan en lo eterno y nos recuerdan quién gobierna nuestra vida.
No practicamos la oración y el ayuno por obligación, sino por convicción. Lo hacemos porque producen fruto espiritual, claridad, sensibilidad y dirección.
Cristo formándose en nosotros
Oramos con la seguridad de que Dios nos escucha porque estamos en Cristo. Nuestra comunión con el Padre está fundamentada en la obra del Hijo. A medida que Cristo se forma en nosotros, nuestra oración madura, se profundiza y se alinea con el corazón de Dios.
Este inicio de año es una invitación clara: no vivas desconectado de la fuente. Vuelve a la oración. Abraza el ayuno. No como una carga, sino como un privilegio. Allí, en la intimidad con el Padre, encontraremos la fuerza, la dirección y la gracia para avanzar.
Pr. Iván García

SERIE: CAMINANDO CON DIOS TEMA: Orar es permanecer en el camino “Permaneced en mí, y yo en vosotros…” (Juan 15:4) Desde el escritorio de mi corazón, quiero compartir una verdad sencilla pero decisiva para nuestra vida espiritual: no basta con comenzar a caminar con Dios; necesitamos permanecer en Él. La oración no es el punto de partida solamente, es el espacio donde la relación se sostiene. Hace poco, caminaba con mi nieto, baby Gio, en un restaurante de comida rápida. Mientras el ambiente le resultaba familiar y seguro, soltaba mi mano con confianza. Pero cuando algo cambió y se sintió inseguro, me miró y me dijo: “déjame tomarte de la mano”. Ese gesto explica la oración mejor que muchas definiciones: orar es volver a tomar la mano del Padre una y otra vez. Un niño no suelta la mano porque el padre se haya ido, sino porque algo distrajo o debilitó la conexión. La oración hace exactamente eso: restaura la conexión. Caminar con Dios no ocurre por inercia espiritual. Se provoca con intencionalidad, tiempo y relación. Jesús nunca habló de visitas ocasionales a Dios. Habló de permanecer. Permanecer no es un evento emocional; es un estilo de vida. Implica constancia, comunicación y decisión. Seamos claros: no puede haber relación sin comunicación. Por eso la oración no es opcional; es el eslabón que sostiene nuestra comunión con Dios. Orar no es solo pedir cosas. Orar es estar con Dios. Cuando dejamos de orar, no perdemos a Dios, pero sí perdemos sensibilidad, enfoque y claridad. La oración nos mantiene conectados y nos permite llevar fruto. Algunos piensan que la oración es solo para los “espirituales”, pero Jesús nos liberó de esa carga al decir que el Padre conoce nuestras necesidades antes de que hablemos. La oración no comienza con palabras perfectas, sino con un corazón sincero. Nadie aprende a orar antes de orar; aprendemos orando. Además, en la oración Dios no solo cambia circunstancias, Dios forma carácter. Pablo lo expresó con claridad: “hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gálatas 4:19). Permanecer en la presencia de Dios transforma nuestra manera de pensar, reaccionar y vivir. La oración también es una decisión, no una emoción. No siempre hay ánimo ni inspiración, pero la relación se sostiene por decisiones firmes. Jesús mismo, cansado, se levantaba temprano para orar. Caminamos con Dios porque decidimos hacerlo. Comenzar el año orando define dirección. La oración no nos saca de la realidad; nos prepara para vivirla bien. Una iglesia que ora camina unida, discierne mejor y avanza con propósito. Hoy el llamado es sencillo: vengan a orar. No porque lo sepamos hacer bien, sino porque necesitamos permanecer en Él. La oración es el lugar donde, como hijos, volvemos a tomar la mano del Padre. Pr. Iván García

“Desde el Escritorio de Mi Corazón” Por el Pastor Iván García Serie: Navidad en Comunidad Tema: Encarnación que provee reconciliación “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros…” (Juan 1:14) Navidad no es un evento cultural ni una tradición religiosa. Navidad fue una decisión divina: Dios decidió acercarse. Juan 1:14 nos recuerda que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Dios no habló desde lejos; vino, permaneció y caminó con la humanidad. La encarnación es la prueba de que Dios eligió la cercanía para restaurar la relación que se había perdido en el Edén. Dios se hizo humano en Jesús, sin pecado, para reconciliarnos con Él. En ese niño llamado Emanuel, Dios con nosotros, se manifestó el plan eterno de salvación que culmina en Cristo resucitado, quien nos ofrece perdón y vida nueva. Este es el verdadero significado de la Navidad, y es un mensaje que debemos afirmar y transmitir a nuestros hijos y a las próximas generaciones. Navidad nos enseña que Dios no salva desde la distancia; salva desde la relación. La transformación del ser humano no ocurre en el aislamiento, sino en la cercanía. Y esa cercanía se cultiva en comunidad. Por eso, el enfoque es claro: Navidad en Comunidad. Dios nos diseñó para vivir en comunidad. Jesús nació en una familia real, en un entorno humilde y comunitario (Lucas 2:6–7). La fe cristiana no es individualista; se fortalece en comunidad. “¡Mirad cuán bueno y delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!” (Salmo 133:1). El aislamiento debilita; la comunidad fortalece. Navidad establece una familia multigeneracional en Cristo. A todos los que recibieron a Cristo se les dio el privilegio de ser hijos de Dios (Juan 1:12). En Cristo no solo creemos; pertenecemos. Somos familia (Efesios 2:19). Esa familia crece y deja legado. Por eso afirmamos Proverbios 13:22: el hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos. Navidad es una oportunidad para modelar fe, transmitir valores y sembrar herencia espiritual en comunidad. La iglesia no es un evento ni una organización; es una familia donde cada generación importa. Navidad se vive mejor juntos. Los pastores no guardaron la noticia; la compartieron (Lucas 2:17). La vida en Cristo siempre nos envía hacia otros. La iglesia primitiva perseveraba unida, y Dios añadía a la familia de la fe (Hechos 2:46–47). Una iglesia saludable camina unida, ora unida, crece unida y se cuida unida. Navidad no es solo recordar lo que Cristo hizo; es responder a lo que sigue haciendo hoy. Emanuel sigue con nosotros. Llamado pastoral: Pertenece. Restaura relaciones. Siembra para las generaciones. Esta Navidad declaramos: Cristo está en medio de nosotros. Somos familia. Caminamos en comunidad. Sembramos para las generaciones. Navidad en Comunidad.

Serie: Discipulado Blog: “El discipulado en Cristo” Pastor Iván L. García Vivimos en un mundo donde todo cambia: las modas, las noticias, las ideas. Pero hay algo que no cambia: la Palabra de Dios y el llamado de Jesús a ser Sus discípulos. En medio de la confusión, el discipulado en Cristo nos da identidad, propósito y estabilidad. No se trata de un curso o una clase, sino de una relación viva que transforma nuestra manera de pensar, actuar y vivir cada día. Jesús dijo: “Si permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Juan 8:31). La diferencia entre creer y ser discípulo está en la permanencia. El creyente puede emocionarse con la fe, pero el discípulo permanece firme, aun cuando todo se sacude. ¿Qué hace el proceso de discipulado en nosotros? 1. El discipulado nos da identidad en Cristo Ser discípulo no es definirse por lo que hacemos, sino por quiénes somos en Cristo. En Él, somos nuevas criaturas. Ya no vivimos dominados por la vieja naturaleza, sino por una nueva que ama, perdona y actúa como Cristo. El discipulado no busca controlar conductas, sino formar carácter. Cristo se va revelando en nosotros cada día, en cómo tratamos a nuestra familia, en cómo respondemos al conflicto, y en cómo servimos sin esperar recompensa. Cuando sabemos quiénes somos en Cristo, dejamos de buscar aprobación. Ya no vivimos por “likes” ni por la opinión de otros. Oramos, actuamos y decidimos desde la seguridad de saber que somos hijos de Dios. 2. El discipulado renueva nuestra mente Pablo dijo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:2). El discipulado no solo cambia lo que creemos, cambia cómo pensamos. La mente del discípulo es un campo de batalla: entre el Espíritu que produce vida y el alma que muchas veces reacciona desde el miedo o el orgullo. A medida que Cristo crece en nosotros, nuestros pensamientos se ordenan. Donde antes había enojo, hay dominio propio. Donde había inseguridad, hay paz. Una mente renovada diariamente produce decisiones sabias. 3. El discipulado nos madura Ser salvo fue un acto de fe; ser transformado es un proceso continuo. Cada día Cristo se forma en nosotros, llevándonos de la inmadurez a la madurez espiritual. El discipulado no te quita los problemas, pero te da herramientas para enfrentarlos con fe. No reacciones con tragedia, responde con madurez. Eso es lo que cambia los hogares, sana las relaciones y trae estabilidad emocional. Conclusión: El discipulado no es una carga, es una invitación a vivir una nueva vida en Cristo. Jesús no te llama a una religión, te llama a una relación. Él quiere que permanezcas en Su Palabra, que camines con Él, y que permitas que Su vida se refleje en la tuya. Hoy es un buen día para dar ese paso.

Serie: Discipulado Generacional Blog: “Más que creyentes… discípulos” Pastor Iván L. García Muchos se consideran creyentes. Creen en Dios, en Jesús, en la Biblia. Pero Jesús no nos llamó a ser solo creyentes, sino discípulos. Esa diferencia marca el rumbo de nuestra vida espiritual. El creyente asiente con la mente; el discípulo se compromete con el corazón. Un creyente escucha la Palabra, pero el discípulo la obedece. Santiago 1:22 nos exhorta: “Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores.” Creer es reconocer una verdad, pero discipularse es vivir conforme a esa verdad. El creyente se emociona con la enseñanza; el discípulo la aplica, aunque duela. El creyente cree en el poder de la oración; el discípulo ora cuando todo se complica y no se rinde. Así lo hizo Jesús en Getsemaní, enseñando con su ejemplo lo que significa perseverar cuando la presión aprieta. El discipulado es relación y compromiso con Jesús. No se trata solo de asistir a clases o completar un curso. Es caminar cada día con Él, aprender de su carácter y depender de su presencia. Jesús llamó a sus discípulos “para que estuvieran con Él” (Marcos 3:14). Antes de enviarlos, los formó en cercanía. Separados de Él, nada podemos hacer (Juan 15:5). Enfrentar los retos de la vida sin discipulado es como ir a la guerra sin entrenamiento. El fruto distingue al discípulo del creyente. Jesús dijo: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto” (Juan 15:8). El creyente habla; el discípulo produce fruto visible en carácter, conducta y servicio. Cuando llega la crisis, el creyente se desespera, pero el discípulo confía. Ante la ofensa, el creyente guarda rencor; el discípulo perdona, porque sigue el ejemplo del Maestro. El discipulado nos prepara para la vida real. Los problemas no desaparecen, pero el discípulo aprende a enfrentarlos con herramientas espirituales: fe ante el temor, Palabra ante la tentación, oración ante la ansiedad, y presencia de Cristo ante la soledad. Un discípulo no solo sobrevive: vence, porque vive conectado a la fuente. Hoy te invito a reflexionar: ¿Eres creyente o discípulo? Ser creyente es un buen comienzo, pero no basta para permanecer firme. El discipulado es lo que te sostendrá. El creyente se queda en la multitud; el discípulo camina cerca del Maestro. El creyente consume lo espiritual; el discípulo lo lleva donde va. El creyente mira de lejos; el discípulo toma su cruz y sigue a Jesús. Decídete hoy a ser más que un creyente. Responde al llamado de Jesús: “Sígueme.” Porque cuando decides seguirlo, tu vida deja de ser teoría y se convierte en legado para las generaciones.

Serie: Generaciones Tema: Celebración 13:22 “El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos…” (Proverbios 13:22) Este domingo vivimos un día de celebración. No solo presentamos nuestras promesas y compromisos de la primera etapa de la Campaña Generaciones, también recordamos con gratitud cómo Dios nos ha sostenido en estos 17 años. Cada paso ha sido evidencia de su fidelidad. La campaña de mayordomía no es simplemente una estrategia financiera. Es una jornada espiritual de fe, visión, obediencia y generosidad. Aunque no hemos tenido un lugar propio, hemos avanzado y crecido. Sin embargo, contar con una casa permanente nos permitirá impactar a más familias y seguir sembrando en futuras generaciones. Sembramos con propósito El texto de Proverbios 13:22 nos recuerda que la verdadera herencia no se limita a lo material. También se trata de hijos espirituales, de legado y de cultura de Reino. Cada compromiso entregado representa un acto de fe y obediencia. La generosidad no es imposición, es convicción. Sembramos porque creemos que Dios multiplicará la semilla y la convertirá en fruto para bendecir a muchos. Como dijo David en 1 Crónicas 29:1: “La obra es grande, porque no es para hombre, sino para un Dios grande.” Más que levantar paredes, estamos levantando un legado. Celebramos con fe Reconocemos que Jehová Jireh es nuestro proveedor. Cada promesa entregada refleja valentía y confianza en Dios. Como los sabios de Oriente que llevaron lo mejor ante el Rey (Mateo 2:11), nosotros también venimos con las manos llenas de gratitud y fe. La Palabra lo afirma: “Dad, y se os dará…” (Lucas 6:38). Hoy celebramos porque sabemos que nuestro Dios es fiel y generoso. Él multiplica lo que se le entrega con un corazón dispuesto. Oramos con convicción Este no es el final, es el comienzo. Durante los próximos 30 meses caminaremos juntos en obediencia y sacrificio. No todos daremos lo mismo, pero sí podemos tener la misma convicción: avanzar con fe y constancia. La oración será la clave en esta jornada. Nos dará fortaleza, unidad y provisión. Filipenses 4:6-7 nos recuerda que la oración guarda nuestro corazón y nuestra mente. Sin conexión con Dios, ningún esfuerzo puede prosperar. Proclamamos lo mejor Lo que vivimos es apenas el principio. Dios ya nos dio visión y provisión. Ahora declaramos que lo que viene será mayor. “Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados” (Proverbios 16:3). Iglesia, gracias por creer, orar, sembrar y comprometerse. Una congregación que invierte en generaciones permanece. Decimos con certeza: “Sembramos hoy… y veremos un mañana bendecido”. Pr. Iván García
Domingo de Visión: Una Visión Generacional Hoy iniciamos un tiempo especial en el Domingo de Visión, como antesala de la serie y la campaña de mayordomía Generaciones. Este es un momento para afirmar lo que Dios ha puesto en nuestro corazón y mirar hacia el futuro con claridad y propósito. La Biblia enseña en Proverbios 29:18: “Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena.” Una iglesia sin visión pierde dirección. Pero cuando hay visión, hay orden, avance y esperanza. Aunque la visión tarde, se cumplirá, porque Dios es fiel. La visión que Dios nos ha dado como CFC Tampa es clara: “Levantar generaciones de familias saludables en Cristo que transformen comunidades.” Esta visión no es limitada a un grupo o a una temporada; incluye a nuestros hijos, nietos y a las generaciones que aún no han nacido. Dios es un Dios de generaciones, y nos llama a dejar un legado eterno. Como dice Proverbios 13:22: “El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos.” La visión no es un lujo, es una necesidad. 1. La guía de Dios en el camino Así como Israel siguió la nube y la columna de fuego en el desierto, nosotros también hemos avanzado bajo la dirección de Dios. Hemos pasado por mudanzas y retos, pero nunca nos hemos detenido. Hoy reconocemos que no tener un lugar propio no ha detenido nuestra misión, pero tenerlo acelerará lo que Dios nos ha llamado a hacer. 2. Preparación espiritual y práctica Jesús enseñó en Lucas 14:28 que antes de edificar hay que planificar. La visión no es solo soñar, también requiere preparación. Este es un tiempo de oración, fe y unidad, pero también de pasos prácticos para estar listos cuando Dios abra la puerta. 3. Estrategias para vivir la visión Como iglesia, avanzamos con estrategias claras: Oración constante: individual y en comunidad. Estudio bíblico y discipulado: formar carácter de Cristo en cada creyente. Grupos de conexión saludables: donde se construyen relaciones y se sanan vidas. Educación financiera: crecer en mayordomía. Adoración congregacional: cada domingo nos fortalece. Servicio comunitario: ser luz más allá de nuestras paredes. Compromiso congregacional: no solo asistir, sino pertenecer y participar activamente. 4. Inspiración bíblica En Nehemías 2:18 el pueblo dijo: “Levantémonos y edifiquemos.” Y actuaron. En Josué 1:3 Dios declaró: “Yo os he entregado todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.” La promesa ya estaba dada, pero había que caminar y conquistar. Así también nosotros: la promesa de Dios está sobre esta casa, y nuestro llamado es caminar en fe y obediencia. Conclusión CFC Tampa no es una iglesia de paso, somos una iglesia de generaciones. Lo que Dios está iniciando no es para un año, es para décadas de impacto y trascendencia eterna. Ahora es tiempo de prepararnos en fe, obediencia y unidad. Caminemos juntos hacia la visión y confiemos en que Dios cumplirá Su promesa, porque Él es un Dios de Generaciones. Pr. Iván García
La compasión que impulsa Serie: Compasión Por: Pastora Berenice Blanco Cuando miramos la vida de Jesús en los evangelios, descubrimos que su compasión nunca fue pasiva. Él no solo sentía dolor por la gente, sino que se movía a actuar. La compasión en su corazón era tan profunda que lo llevaba a cambiar planes, detenerse en el camino y levantar al caído. La Biblia usa palabras que nos ayudan a entenderlo mejor. En griego, splagchnizomai habla de un sentimiento que nace en lo más profundo. En hebreo, rajámim está relacionado con el útero materno, un amor protector y tierno. Así es la compasión de Jesús: un amor que se siente hasta las entrañas y que no se queda quieto. 1. La compasión ve lo que otros no ven En Mateo 9:36, la multitud solo veía ruido y confusión, pero Jesús veía ovejas sin pastor. Él no solo miraba enfermedades, miraba almas perdidas. Hoy también nos invita a mirar más allá de lo superficial y ver la necesidad espiritual de quienes nos rodean. 2. La compasión nos lleva a interceder Jesús dijo: “La mies es mucha, pero los obreros pocos”. En lugar de quejarse, nos llamó a orar por obreros. La compasión genuina nos mueve a clamar por otros y, al hacerlo, Dios también prepara nuestro corazón para ser parte de la respuesta. 3. La compasión detiene el paso y cambia la agenda En Marcos 10, Jesús se detuvo por un ciego llamado Bartimeo. Mientras otros lo mandaban callar, Jesús lo mandó a llamar. La compasión siempre prioriza a la persona sobre la agenda. Si nuestro horario es más importante que la necesidad del prójimo, no estamos reflejando el corazón de Cristo. 4. La compasión restaura y envía Jesús no solo devolvió la vista a Bartimeo, sino que le dio un nuevo propósito: “y le seguía por el camino”. Su compasión no se limita a resolver problemas inmediatos; transforma vidas y abre caminos de esperanza. Una invitación para nosotros La compasión de Jesús es activa, estratégica y transformadora. Nos enseña a: Ver lo invisible. Orar con fe por la solución. Detenernos para atender la necesidad. Restaurar y enviar a otros hacia un nuevo propósito. Hoy, Jesús nos invita a ser movidos por esa misma compasión. La mies sigue siendo mucha, y hay muchos Bartimeo esperando que alguien se detenga. ¿Estamos viendo como Jesús ve? ¿Estamos dispuestos a interceder y actuar? ¿Permitiremos que la compasión nos saque de la comodidad? La compasión es la evidencia del amor de Dios en nosotros. Que sea ella el combustible que nos impulse cada día en la misión que el Señor nos ha confiado.

Conmovidos por Amor Serie: Compasión Por: Pastor Iván García "Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor." (Mateo 9:36) Cuando Jesús miraba a las multitudes, no veía números. Veía rostros, historias, heridas y vacíos. Ese es el corazón de nuestra serie Compasión: aprender a ver como Él ve y actuar como Él actúa. Jesús no vino a establecer una religión; vino a establecer relación a través del Reino del Padre. Su compasión lo llevó a incluir a todos, a restaurar lo perdido y a rescatar lo desamparado. Hoy más que nunca, el mundo necesita una iglesia que mire con compasión y extienda cuidado a cada generación. 1. Jesús ve más allá de lo superficial Cuando nosotros vemos multitudes, a veces vemos ruido, cansancio o indiferencia. Pero Jesús veía niños sin dirección, jóvenes confundidos, adultos cargados y ancianos olvidados. La compasión no mira con los ojos naturales, sino con el corazón. Pregunta para reflexionar: ¿Qué ves tú cuando miras a las generaciones? 2. La compasión no es solo sentir, es actuar La Biblia dice: “…tuvo compasión de ellas…” (Mateo 9:36). En el original, la palabra compasión habla de un movimiento profundo que impulsa a la acción. Jesús no se quedó en palabras: sanó al leproso, lloró con los que lloraban, alimentó a los hambrientos y restauró a los quebrantados. Una iglesia compasiva no dice “alguien más lo hará” , sino “cuenta conmigo” . La compasión es el puente entre lo que vemos y lo que hacemos. 3. Una compasión multigeneracional La compasión de Jesús alcanzó a todas las edades. Por los niños y jóvenes: los bendijo, los abrazó, los puso en el centro de su Reino (Marcos 10:13-16). Nos desafía a invertir en ellos, discipularlos y protegerlos. Por los adultos y ancianos: se detuvo por una viuda que había perdido a su hijo (Lucas 7:11-15). Restauró su vida y nos recordó que en el Reino de Dios nadie sobra. Cada etapa tiene su valor: energía, experiencia y sabiduría. 4. La compasión como valor de nuestra visión Una iglesia compasiva alcanza al perdido, restaura familias y edifica generaciones. Modela generosidad en el presente y establece vínculos de esperanza para el futuro. Hoy Jesús nos invita a: Ver con sus ojos. Sentir con su corazón. Modelar sus acciones de compasión. Que la compasión no sea solo un tema de enseñanza, sino un estilo de vida que nos impulse a abrazar, sanar y levantar a otros.



